El otro día recibí las notas del curso en un sobre que me llegó a casa. En ese sobre venía adjunta una hoja del colegio “Asunto: Libros de texto” decía la hoja. En ella venían apuntados los libros que no son de gratuidad.
Cuando era más pequeña mis compañeros y yo odiábamos que los libros fuesen de gratuidad. No podíamos escribir en ellos, no podíamos subrayar, había que forrarlos, tenían el nombre de otra persona y si te tocaba uno que estuviera en más o menos malas condiciones, te aguantabas y lo usabas igual, como si fuese tuyo, pero sin serlo. Según vas creciendo vas aprendiendo cosas que no sabías. Todos nos fuimos dando cuenta, poco a poco, que no todo el mundo podía permitirse un libro de texto. Cuando tienes amigos, los cuales no pueden tener lo que para nosotros es básico, ves las cosas desde otro punto de vista. Por tanto, sí, los libros de gratuidad era una buena idea. Así, todo niño tiene derecho a aprender. Así, parece que el mundo va un poco mejor.
Seguí creciendo. Hace tiempo que me temía lo que el otro día, al leer la hoja, se confirmó por fin. Ya nos parece raro que un Xunta sea capaz de hacer algo por sus ciudadanos, y no por su interés, sea cual sea. Nuestra queridísima Xunta no quiere que los niños se eduquen, que todos puedan formarse y tener cultura general. Los libros de texto gratuitos, no están para ayudar; al contrario, esas personas que no se pueden permitir un libro, son las más perjudicadas. Resulta que, ahora, con esta libertad de un 50% (más o menos), los libros de las materias en castellano (matemáticas, ciencias) no son de gratuidad. Sin embargo, los que sí son en gallego, son gratis. Yo, que tengo dinero, puedo comprarme todos los libros que quiera en castellano, ellos no; por tanto están obligados a estudiar en gallego. Es una forma indirecta de imponérnoslo una vez más, es una forma de hacernos creer que un libro es un derecho, cuando es una herramienta más para esta imposición. La Xunta se esconde, miente, y nos quita la libertad. Habrá quien diga que “por lo menos tienen educación” y que “mejor eso que nada”. Sigue siendo hipócrita, ellos tienen la educación que la Xunta elige, no la que elige su familia. Sigue siendo hipócrita, porque una vez más se confirma que hay que tener pasta para poder ser un poco más libre, para tener más oportunidades que los demás, por muy triste que suene.
Hemos descubierto otra mentira hacia los ciudadanos. Los libros nunca han sido para ayudar, si no para aprovecharse de aquellos que los necesitan.
sábado, 24 de julio de 2010
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